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III DOMINGO DE ADVIENTO

«Qué tenemos que hacer»

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En Mateo, el encarcelamiento de Juan había coincidido con el comienzo de la misión de Jesús (Mt 4,12). Juan ha preparado el camino al Señor. Con Jesús se manifiesta que “el reino” ya está aquí. Lo que ven hacer y oír a Jesús es el cumplimiento de los anuncios mesiánicos de los profetas (Is 26,19; 29,18; 35,5-6; 61,1).

Así pues, lo que hace y dice Jesús, “las obras del Mesías”, son las obras del “reino”. Juan lo intuye y se acerca, enviando mensajeros, a pesar de estar encarcelado. Quiere conocer, quiere profundizar en la persona de Jesús, en lo que dice y hace.

“El que ha de venir” es una manera de designar al Mesías, aquel que es esperado. Una designación que indica que el Mesías nos es dado, que no lo dominamos, no somos sus señores, sino que es él el Señor.

Ante la pregunta Jesús se manifiesta con obras entre los vulnerables y con la buena noticia a los “pobres”; y envía a quienes han sido testimonio de ellas a dar la noticia, “a anunciar” esta experiencia: “lo que estáis viendo y oyendo”.

El cumplimiento de las profecías que encontramos en este relato es sorprendente. Porque quien las cumple es un pobre, Jesús. Un pobre misericordioso–solidario con los pobres. Y esto sucede en un mundo en el que muchos esperaban a un Mesías guerrero que se impusiera por la fuerza. De ahí la pregunta: “¿eres tú?”.

Con el elogio que Jesús hace de Juan, el último y el más grande de los profetas de Israel, pretende remarcar la superioridad de la nueva alianza:

  • Representada por los “pequeños” con quienes Jesús actúa, que acogen el reino que ya está aquí (Mt 12,28) y se convierten en testigos vivos del mismo. 
  • Y estos “más pequeños”, acogiendo al reino acogen la misma vida de Dios: “¡dichoso el que no se escandalice de mí!”. Por eso son “más grandes”, son “dichosos” (Mt 5,3-12).

¡Felices aquellos que preparan la Navidad haciendo esta opción!

CARTA APOSTÓLICA Admirabile signum DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL SIGNIFICADO Y EL VALOR DEL BELÉN 

1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él. 

2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium. […]

¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más 

viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado. […]

7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5). 

9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura. […]

Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes. […]

Resum de la Carta/Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019. 

IIº DOMINGO DE ADVIENTO – INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARIA

«Alégrate llena de Gracia»

La fiesta que celebramos se refiere a la concepción y nacimiento de María, no a la concepción y nacimiento de Jesús, como podría hacer pensar el texto que leemos.

En María podemos ver una hija amada de Dios: amada, llamada y enviada a una misión. Lo mismo que podemos ver en cada uno de nosotros (como expresa bellamente el salmo 139[138],13-17).

Dios, que ama, llama y envía, da los medios para la misión. Es lo que ha hecho con María: cuando decimos que la ha liberado del pecado estamos diciendo que Dios la ha preparado para la misión encomendada.

Pero además en María vemos lo que Dios quiere hacer con cada uno de sus hijos e hijas, y que realiza a través de Jesucristo: liberarnos del pecado y de la muerte, de toda injusticia. Es, entonces, una fiesta dedicada a la gracia de Dios, a la iniciativa de Dios que quiere salvar a toda la humanidad, atrapada en el pecado y la muerte.

  • ¿Sientes en tu vida la alegría de Dios que te ama y te cuenta contigo?
  • ¿Te has planteado alguna vez si Dios te llama a algo especial? ¿Qué estás dispuesto a responder?
  • ¿Confías en Él y en que solo quiere lo mejor para ti?

ADVIENTO, HACER CRECER LA ESPERANZA

Aparecerá el retoño de Jesé, el que se levanta para imperar sobre las naciones. En él pondrán las naciones su esperanza. Que el Dios de la esperanza os colme del gozo y la paz que da la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”. (Ro 15, 12-13).

Saber esperar, vivir de esperanza... y esto en un mundo como el nuestro que tiene prisa por ir quemando etapas, que no espera nada ni a nadie…, en medio de una generación impaciente por conocerlo todo y disfrutarlo todo rápidamente.

¡ADVIENTO!!! Tiempo para la esperanza. Que nos afirma que la historia de la salvación se cumple y que ésta tiene siempre tiempos de paciente y prolongada espera. Es Dios el que nos espera pacientemente. Su amor, su infinita paciencia esperan de cada uno de nosotros que le reconozcamos, que nos podamos encontrar con él. Que seamos capaces de recomenzar en nuestra vida.

¡ADVIENTO!!! Dios viene como novedad, gratuitamente, cuando menos lo esperamos. Él es el don, el gran regalo para la humanidad, para cada persona. Reconocerle pide de nosotros:

  • Velar que supone estar despierto, mirar por la ventana, desplegar las antenas, arreglar “la casa”, quitar “estorbos” para que pueda entrar el Amigo.
  • Escuchar que requiere acallar las voces, los ruidos interiores, alejar las interferencias que nos dispersan, hacer silencio, frenar la agitación… para acoger la Palabra, para la intimidad con él en la oración.
  • Dejarse sorprender porque los caminos Dios no son los nuestros, ni sus planes los nuestros. Él nos sorprende en medio de la historia de cada día, a pesar de nuestro trajín. Nos sorprende en cada uno de los miembros de nuestra familia, en los hermanos de comunidad, en los rostros que pueden llamar a nuestra “puerta” … Adviento es tiempo para las sorpresas de Dios.
  • Comprometerse porque no se trata de esperar cruzados de brazos. Esperar a Dios que viene pide salir a su encuentro, enderezar caminos, rellenar barrancos, abajar colinas… para que pueda así hacerse presente en nosotros y a nuestro alrededor la Salvación de Dios.

¡FECUNDO ADVIENTO 2019!!!