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IIº DOMINGO DE ADVIENTO – INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARIA

«Alégrate llena de Gracia»

La fiesta que celebramos se refiere a la concepción y nacimiento de María, no a la concepción y nacimiento de Jesús, como podría hacer pensar el texto que leemos.

En María podemos ver una hija amada de Dios: amada, llamada y enviada a una misión. Lo mismo que podemos ver en cada uno de nosotros (como expresa bellamente el salmo 139[138],13-17).

Dios, que ama, llama y envía, da los medios para la misión. Es lo que ha hecho con María: cuando decimos que la ha liberado del pecado estamos diciendo que Dios la ha preparado para la misión encomendada.

Pero además en María vemos lo que Dios quiere hacer con cada uno de sus hijos e hijas, y que realiza a través de Jesucristo: liberarnos del pecado y de la muerte, de toda injusticia. Es, entonces, una fiesta dedicada a la gracia de Dios, a la iniciativa de Dios que quiere salvar a toda la humanidad, atrapada en el pecado y la muerte.

  • ¿Sientes en tu vida la alegría de Dios que te ama y te cuenta contigo?
  • ¿Te has planteado alguna vez si Dios te llama a algo especial? ¿Qué estás dispuesto a responder?
  • ¿Confías en Él y en que solo quiere lo mejor para ti?

ADVIENTO, HACER CRECER LA ESPERANZA

Aparecerá el retoño de Jesé, el que se levanta para imperar sobre las naciones. En él pondrán las naciones su esperanza. Que el Dios de la esperanza os colme del gozo y la paz que da la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”. (Ro 15, 12-13).

Saber esperar, vivir de esperanza... y esto en un mundo como el nuestro que tiene prisa por ir quemando etapas, que no espera nada ni a nadie…, en medio de una generación impaciente por conocerlo todo y disfrutarlo todo rápidamente.

¡ADVIENTO!!! Tiempo para la esperanza. Que nos afirma que la historia de la salvación se cumple y que ésta tiene siempre tiempos de paciente y prolongada espera. Es Dios el que nos espera pacientemente. Su amor, su infinita paciencia esperan de cada uno de nosotros que le reconozcamos, que nos podamos encontrar con él. Que seamos capaces de recomenzar en nuestra vida.

¡ADVIENTO!!! Dios viene como novedad, gratuitamente, cuando menos lo esperamos. Él es el don, el gran regalo para la humanidad, para cada persona. Reconocerle pide de nosotros:

  • Velar que supone estar despierto, mirar por la ventana, desplegar las antenas, arreglar “la casa”, quitar “estorbos” para que pueda entrar el Amigo.
  • Escuchar que requiere acallar las voces, los ruidos interiores, alejar las interferencias que nos dispersan, hacer silencio, frenar la agitación… para acoger la Palabra, para la intimidad con él en la oración.
  • Dejarse sorprender porque los caminos Dios no son los nuestros, ni sus planes los nuestros. Él nos sorprende en medio de la historia de cada día, a pesar de nuestro trajín. Nos sorprende en cada uno de los miembros de nuestra familia, en los hermanos de comunidad, en los rostros que pueden llamar a nuestra “puerta” … Adviento es tiempo para las sorpresas de Dios.
  • Comprometerse porque no se trata de esperar cruzados de brazos. Esperar a Dios que viene pide salir a su encuentro, enderezar caminos, rellenar barrancos, abajar colinas… para que pueda así hacerse presente en nosotros y a nuestro alrededor la Salvación de Dios.

¡FECUNDO ADVIENTO 2019!!!

Domingo de Pascua

Fotos de Pascua

Jesús resucitado abre un camino nuevo para todos los que creemos en él. Gozosamente, en la noche de Pascua, iniciamos un tiempo de cincuenta días en el que recordamos una y otra vez que él vive en nosotros, y que nos ha dado su Espíritu, y que merece la pena que lo tengamos presente en nuestras vidas, y que merece la pena que en todo lo que hacemos se note que somos seguidores suyos, y que queremos llevar a todas partes aquel amor que él vivió, que él nos enseñó, y por el que él murió.

Pero este camino nuevo que Jesús ha abierto no es solo para los creyentes. «El Espíritu del Señor llena la tierra», cantaremos el día final de la cincuentena de Pascua, el día de Pentecostés. El Espíritu de Jesús está en todas partes y, por ello, podemos decir que la Pascua de Jesús es la Pascua del mundo. En este mundo dolorido y perplejo, Jesús está presente. Está presente a través de nosotros, los creyentes, y está presente también a través de todos los signos de buena voluntad y de servicio a los demás que tantas personas, sin conocer a Jesús, llevan a cabo en todos los rincones del planeta.

Demos gracias a Dios. ¡Aleluya!