Arxiu d'etiquetes: Temps Litúrgic

Festivitat del Corpus Christi . 2017

Fotos de la festa (aquí)

 

Fa uns dies hem pogut tenir la satisfacció de conèixer i llegir amb fruïció l’opuscle, editat pel CPL, que va escriure el bisbe Pere Tena l’any 2010 amb motiu de la dedicació del temple de la Sagrada Família pel papa Benet XVI. Porta el títol Una casa, una taula, un sol cor, veritable catequesi anomenada «mistagògica» de la litúrgia de la dedicació d’un temple. Ens convé portar-lo aquí perquè la fraternitat cristiana, en la seva més perfecta realització, es verifica precisament en l’Eucaristia, a la qual el temple serveix com a casa.
La comunió d’amor que és l’Església té el seu cor en l’Eucaristia. Així com diem que el cor simbolitza el centre de la persona i és físicament el motor de la vida de tot el cos, així també afirmem que l’Eucaristia és el cor de l’Església, on batega la força de l’amor que ens aplega i ens agermana.
Per això, si s’entén bé, és certa l’afirmació que diu: «l’Església fa l’Eucaristia i l’Eucaristia fa l’Església». La nova fraternitat celebra la Missa i la Missa fa la nova fraternitat.
El bisbe Pere Tena subratllava dos elements ben importants. L’assemblea, la comunitat d’Església, està reunida fora del temple i entra processionalment per la porta; el temple és casa seva, perquè en ell celebra l’Eucaristia sobre l’altar que n’és el centre. Per això la litúrgia de la dedicació és integrada perfectament en la celebració de l’Eucaristia.
Tot constitueix un meravellós misteri de comunió. Els germans es reuneixen a la casa familiar, on tots i cadascú es troba com a la seva llar. Allà es troben i es reconeixen com a germans, asseguts al voltant de la mateixa taula, presidits per Jesucrist que els parla amb la Paraula il·luminadora de la vida i provoca diàleg de confessió de fe i de pregària. Allà s’actualitza el sacrifici de comunió entre Déu i els homes, la comunió que té en el sacrifici la seva màxima expressió. Allà es viu el que és més misteriós i profund: esdevenir un sol cor. […]
Agustí Cortés Soriano, Bisbe de Sant Feliu de Llobregat. Full Dominical, Any XIV, nº 25

Pentecostés

Con la solemnidad de Pentecostés termina el tiempo de Pascua.
Los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34,22), que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la fiesta de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23,16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto.
Los cristianos celebramos el final del tiempo pascual con la efusión o envío del Espíritu Santo: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Abogado (el Espíritu) no vendrá a vosotros, pero si me voy os lo enviaré… Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa” (Jn 16,7.13).
Pentecostés es también la celebración del inicio de la actividad de la Iglesia con el discurso de Pedro (Hech 2, 14-36).
Oración
Espíritu Santo, ven y llénanos de tus dones.
El don del discernimiento en nuestra situación actual.
El don del optimismo y la alegría aunque parezca que
     es largo el invierno de la fe.
El don del sentir a Jesús a nuestro lado en medio del
     desierto y de la ausencia de Dios.
El don del coraje para emprender la conversión que
     nos lleve a la renovación de la Iglesia.
El don de profecía para anunciar la Vida en medio de
     la muerte y del egoismo.
El don de  comprender que el reino es cosa de levadura,
     de lo pequeño, de lo que está lleno de
     Dios no por nuestras fuerzas, sino por la fuerza
     que tú pones en todo.

Domingo de Pasqua

FLORES Y FRUTOS DE PASCUA

Si por el acontecimiento de Cristo resucitado, al que das fe, te dejas perdonar, en verdad la Pascua te ha alcanzado. Y si por el perdón que has recibido de Jesucristo, te atreves a perdonar a todos los que te han podido ofender, en verdad has entrado en la tierra de libertad y has abandonado la mayor esclavitud en la que caemos cuando nos sentimos sometidos por el odio, la envidia, la venganza o el rencor.

Si acoges dentro de ti la presencia de Cristo resucitado, en verdad has salido del exilio mayor y más injusto, el que sufrimos cuando nos encerramos en nosotros mismos, y habrás entrado  en la estancia habitada, entrañable, donde poder experimentar el amor sin condiciones, porque te sientes amado por Dios.

Si eres capaz de compartir tus bienes  has superado una de las mayores idolatrías y más esclavizantes, la que dicta el instinto del tener, y te conviertes en profecía del Reino de Dios, donde los tesoros de este mundo no entran.

Si te decides a tomar el evangelio como criterio de vida, en verdad has encontrado el camino auténtico, el que te conduce a la tierra de la promesa, y has vencido al Tentador. Gustas la novedad de vida.

Si te sorprendes amando a los demás incluso a quienes pueden hacerte sentir algún rechazo, en verdad te estás encontrando con el rostro del Resucitado, que te permite verlo con ojos nuevos en cada  uno de los que se cruzan en tu vida.

Si das más valor a lo que no ves que a lo que ves en relación con la verdad de la resurrección de Jesucristo estás experimentando el don de la fe, el que recibiste en el bautismo y se te aplicará la bienaventuranza: “Dichosos los que creen, sin haber visto”.

“!Feliz Pascua Florida: Cristo ha resucitado¡”