Mostra totes les entrades de PARRÒQUIA SANT ANTONI DE PADUA

Los muertos

Se aproximan fechas que nuestro calendario vincula con la muerte y el más allá.

La muerte es una realidad que todo ser humano debe afrontar pero en nuestra cultura, paradójicamente, está vetada. Mientras nuestros chavales se familiarizan con la informática y el aprendizaje de idiomas, se les hurta la realidad de la enfermedad y la vejez. Mientras lo normal es que viajen por Europa y se paseen por Dysney World, no se les acerca a los hospitales por miedo a que la visión de los abuelos moribundos les traumatice. Mientras juegan a matar personitas virtuales con la Play y llenan las pantallas de sangre y vísceras electrónicas, nuestros adolescentes no han visto una persona muerta porque sus mayores no les educan para la visión de un cadáver.

Hoy la muerte se ha convertido en un tabú.

Pero, eso sí, juegan a los muertos. Llega Halloween y se disfrazan de cadáveres terribles, zombis perversos y muertos vivientes que aterrorizan a la peña. Los muertos están de moda y las grandes multinacionales de la diversión hacen sofisticados túneles del terror, pasajes angustiosos y disfraces truculentos para animar entre risas un miedo de diseño que sea una experiencia sensorial estupenda y divertida.

También los mayores hablan estos días de los muertos. La conveniencia o inconveniencia, por ejemplo, de sacar a un dictador de su tumba en una especie de pirámide por él construida ha dado mucho que hablar últimamente y se ha convertido en un espectáculo televisivo de gran audiencia.

También se habla de los muertos de guerras fratricidas, de los que están en las cunetas, de los que fueron arrojados en fosas comunes, de los que fueron enterrados con la misma ignominia con la que les asesinaron en paredones canallas o en improvisados patíbulos. Creo que hay que ser tremendamente respetuosos con la dignidad de estos hombres y mujeres cuyos cadáveres han sido vilipendiados. Creo que, mientras sus restos estén desaparecidos, no acabara de haber una paz serena para los que vivieron en sus familias la tragedia de estos desaparecidos. Sólo exhumando, identificando e inhumando con dignidad a estos asesinados se podrá enterrar –eso sí- el hacha de todas las guerras.

Pero también hay otros muertos muy cercanos y a los que hacemos menos caso. Tampoco están identificados. El mar se convirtió en su tumba. Me refiero a aquellos cuyos cadáveres han llegado vomitados por el mar hasta nosotros y que hoy están enterrados sin nombre, sin edad, sin patria…un número identifica las tumbas de esos nadies. Y lo cierto es que cada uno de ellos tuvo una historia, una familia, unos amigos, unos seres queridos, unas experiencias hermosas… y también tuvieron hambre, miedo y un horror que, lejos de paralizarles, les llevó a emprender la aventura de acercarse a una tierra de excesos que, a través de las antenas parabólicas, los móviles y las redes sociales, se mostraba en los países de esos muertos bajo la apariencia de maravillosos paraísos.

Desde 2018 han sido más de 3000 los muertos de todas las edades, hombres y mujeres, que han sido sepultados por un Mediterráneo que, lejos de ser un mar de paz, se ha convertido en un cementerio anónimo. Algunos cadáveres han llegado hasta nosotros flotando inertes, sin nombre, sin papeles, sin vida. Les hemos enterrado en nichos numerados sin que conociéramos ni tan siquiera sus nombres.

Creo que, junto a la Memoria Histórica de hace décadas, hay que recuperar la memoria histórica de la actualidad, reflexionar sobre qué nos está pasando, dar nombre a estos muertos que se lanzaron a buscar paz y sólo han tenido olvido.

El Mediterráneo, que ha sido un mar de transmisión de cultura, se ha convertido en un nuevo paredón con miles de inocentes ejecutados mientras la indiferencia de unos y otros aprieta el gatillo.

Tal vez en nuestra vida querríamos que con estos muertos pudiéramos hacer un Halloween, un túnel del terror o una fiesta truculenta y graciosa.  Lo cierto es que, si no miramos cara a cara a esta realidad tan cercana, seguiremos esquivando mirar cara a cara a nuestra propia vida.

Entonces sí que pareceremos unos muertos vivientes.

JOSAN MONTULL

Estación final

El “debate” sobre la eutanasia que es está abriendo tiene, como todos los “debates” que se suscitan en Occidente, un final cantado. Todas las legislaciones de los países occidentales incorporarán, de aquí a unos pocos años, el sarcásticamente llamado “derecho a una muerte digna”, que con el tiempo —de forma progresiva y sibilina, siempre engalanada con los disfraces de una falsa “compasión”— se impondrá como instrumento formidable para el exterminio de enfermos y ancianos enojosos.

La imposición de la eutanasia nos sirve para reflexionar sobre las consecuencias del liberalismo, la ideología mefítica que muchos católicos panolis siguen abrazando, pensando –risum teneatis– que así frenan el advenimiento del comunismo. 

Pero el enemigo del orden cristiano por excelencia no es otro que el liberalismo, que introdujo en el ámbito católico la idea más nefanda de cuantas el hombre haya podido concebir, inspirada por aquel que dijo: “Nom serviam”.

Dicha idea no es otra que la libertad desligada de la verdad, la libertad que se revela contra la ley divina y natural (o sea, contra la naturaleza humana), la libertad sin responsabilidad, la libertad que convierte a los seres humanos en criaturas débiles, esclavas de sus caprichos, arrojadas a un torbellino de apetencias contingentes que los devora y hace trizas. La libertad del liberalismo, que nos promete convertirnos en soberanos de nuestras decisiones (¡autonomía de la voluntad!), es la forma más aberrante y a la vez seductora de envilecimiento (y las consecuencias de ese envilecimiento las vemos por doquier, lo mismo en los abortorios que en los pasacalles orgullosos). Solo que el liberalismo, en su afán por destruir el orden cristiano, quiso que ese sórdido envilecimiento que procura la libertad recibiese el nombre de “dignidad humana”.

Para el liberalismo, el hombre no es digno cuando obedece la ley divina y natural (cuando obedece su naturaleza) haciendo cosas dignas, sino que califica de “dignas” las cosas más indignas, las monstruosidades y caprichos variopintos inspirados por una libertad desembridada, codiciosa de satisfacer todos sus apetitos.

Resulta, en verdad, paradójica la estación final a la que nos conduce esa libertad hedionda consagrada por el liberalismo. El hombre engreído que ha renegado de su naturaleza y de Dios acaba solicitando… ¡que lo maten cuando ya no se siente sano!. Así, la libertad del liberalismo acaba delatando su fin último, que no es otro sino la destrucción del hombre, al que primeramente ha despojado de Dios y privado de su naturaleza, para arrastrarlo hasta un vació perfumado por el disfrute de los placeres plebeyos que, sin embargo, en cuanto aparece en escena el sufrimiento, se convierten en desesperación y angustia. He aquí la estación final a la que conduce la libertad del liberalismo: a una autonomía de la voluntad que se autodestruye, o que reclama que la destruyan.

Pero esta ideología execrable reservada para sus adeptos una ironía final. El liberalismo supo engatusar a los cretinos haciéndoles creer que, en el mundo regido por la libertad individual, sería eliminado el Estado “intervencionista”. Ahora ¡oh sorpresa!, descubrimos que, en este viaje hacia el corazón del horror en el que nos embarcó el liberalismo, es el Estado el que se halla al final del túnel. Pues resulta que será el Estado “intervencionista” el que nos administre la muerte “digna” que reclama nuestra libertad soberana. ¿Cabe ironía más cruel y ensañada? Con razón escribía Bloy que el diablo es un magnífico ironista; y que en el infierno los condenados tendrán que reírle las gracias durante toda la eternidad. Ya empezamos a reírselas hoy, mientras se abre el “debate” sobre la eutanasia.

Els missioners, mestres de l’amor universal

Ha esdevingut ja una venerable tradició de la Província Eclesiàstica de Barcelona que, un cop l’any, familiars i amics de missioners s’apleguin al voltant de la taula del Senyor amb l’objectiu de recordar la crida missionera de l’Església i animar els seus membres a mantenir-la sempre ben viva. També hi participen alguns missioners que durant els mesos d’estiu visiten les seves famílies a Catalunya. Enguany destacava, sobretot, la presència de dues famílies nombroses del Camí Neocatecumenal que des de fa uns quants anys han estat cridades a la missió en el mateix continent europeu, concretament a Alemanya i Letònia.

El delegat de Missions de la diòcesi de Sant Feliu de Llobregat, Mn. Manel Roig, s’ha mostrat satisfet per una trobada que, tot i la seva senzillesa i discreció, «ens anima en la missió i dóna testimoni del caràcter missioner de l’Església».

La XV Trobada Missionera de la Província Eclesiàstica de Barcelona ha estat presidida enguany per Mons. Agustí Cortés, bisbe de Sant Feliu de Llobregat. En la seva homilia, va insistir en la importància que l’Església tingui sempre un cor missioner, obert de bat a bat a la missió, que implica la sortida d’un mateix i l’encontre amb l’altre per anunciar-li l’Evangeli.

Celebració dels 50 anys de la fundació de la parròquia

Amb gran goig hem celebrat aquest dia 16 de juny l’aniversari de la fundació de la parròquia de Sant Antoni de Pàdua.

La celebració va estar presidida pel nostre bisbe Agustí Cortés i pel nostre recent estrenat batlle, Sr. Comino.

Donem gràcies a Déu per poder assistir a aquest acta tan important per a tots nosaltres.

El USB del  vídeo es posará a la venta per 12,- €.

Les fotos realitzades pel Vicenç Costa i Juanma Sebastian