SAN ANTONIO DE PADUA, MODELO DE VIDA CRISTIANA Y APOSTÓLICA

Hay dos rasgos esenciales en la vida de san Antonio que tenemos presentes al celebrar su festividad; el amor a Cristo y la profundidad de su predicación.

El amor a Cristo

Desde los años de su infancia, Antonio se sintió fascinado y seducido por el amor a Cristo. Ingresó en la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, y luego, se pasó a la Orden Franciscana. Como el apóstol Pablo podía decir: «La razón de mi vida es Cristo, y todo lo demás lo considero basura». Lo importante para la Iglesia de hoy no es contar con muchos cristianos y vocaciones sacerdotales o religiosas, sino tener personas enamoradas de Cristo. La iconografía suele representar a san Antonio con Niño Jesús en sus brazos. Ese detalles no es más que un índice de lo que fue su vida de fe y amor a Cristo.

Insigne predicador

La predicación de san Antonio era sincera. Se enfrentaba con los vicios más salientes de su época: la usura, el abuso de los ricos que explotaban a los pobres… Nadie piense que san Antonio fue un santo acaramelado, sino valiente y enérgico para fustigar los vicios de su época.

Además, la predicación de san Antonio estaba avalada por su vida ejemplar: pobreza y austeridad franciscana, entrega total a los demás, servicio humilde a los más necesitados.

No reduzcamos a la devoción a san Antonio a pedirle favores o darle gracias. La auténtica devoción tiene que manifestarse en imitar su ejemplo de vida, en ser unos apasionados de Cristo y propagar su evangelio por todas partes. Esto es lo que espera de nosotros en su fiesta.

Luis Longás (Revista-junio: Fe y vida)