SAN ANTONIO Y SU DEVOCIÓN A LA VIRGEN

La Virgen María ocupó un lugar primordial en el corazón de san Antonio. En sus sermones nos ofrece la imagen de una Virgen muy humana y cercana a nosotros, un modelo para la vida del creyente en su seguimiento de Cristo.

A ella se dirigía con filial confianza, cariño y afecto, llamándola como lo hacia Francisco de Asís, la “pobrecilla” (Sermón 141)

María, Madre de Dios. 

«La mayor gloria de María fue el ser la Madre del Hijo de Dios. Alabemos a María por el hecho de haber llevado en su seno durante nueve meses al que es el todo bien, el sumo bien, la felicidad de los ángeles y la reconciliación de los pecadores». (Sermón 241)

María estrella del mar.

San Antonio llama a la Virgen “Estrella del mar”, porque estamos en medio del mar, somos azotados por las olas, sumergidos por la tempestad. Por eso, la invocamos ¡Estrella del mar!, a fin de que, por su medio, lleguemos al puerto de la salvación. (Sermón 2109)

Nuestra devoción mariana.

A pesar de la indiferencia y frialdad religiosa de hoy, basta recorrer los pueblos y ciudades para descubrir que a la Virgen María, patrona de tantos lugares, la queremos, le rezamos con orgullo en la medalla que luce en nuestro cuello, la visitamos en sus templos y le obsequiamos con flores y velas.

A María le gustan todas esas expresiones de amor, per no basta. Hace falta también imitarla en su fidelidad a Cristo, en su amor a los hermanos, en su pureza de vida, en su disponibilidad a la voluntad del Padre. Estas son las verdaderas flores que podemos colocar a los pies de su altar en este bello mes de mayo.

Luis Longás (Revista de abril: Fe y vida)