Pentecostés

Con la solemnidad de Pentecostés termina el tiempo de Pascua.
Los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34,22), que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la fiesta de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23,16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto.
Los cristianos celebramos el final del tiempo pascual con la efusión o envío del Espíritu Santo: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Abogado (el Espíritu) no vendrá a vosotros, pero si me voy os lo enviaré… Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa” (Jn 16,7.13).
Pentecostés es también la celebración del inicio de la actividad de la Iglesia con el discurso de Pedro (Hech 2, 14-36).
Oración
Espíritu Santo, ven y llénanos de tus dones.
El don del discernimiento en nuestra situación actual.
El don del optimismo y la alegría aunque parezca que
     es largo el invierno de la fe.
El don del sentir a Jesús a nuestro lado en medio del
     desierto y de la ausencia de Dios.
El don del coraje para emprender la conversión que
     nos lleve a la renovación de la Iglesia.
El don de profecía para anunciar la Vida en medio de
     la muerte y del egoismo.
El don de  comprender que el reino es cosa de levadura,
     de lo pequeño, de lo que está lleno de
     Dios no por nuestras fuerzas, sino por la fuerza
     que tú pones en todo.